Hay moscas que no vuelan de rabia
caen al suelo
se pegan a la suela del zapato
giran su destino
protestan horas
suben al tren de vapor
viajan en segunda y tercera
miran por la ventana los paisajes
se quedan dormidas en la rodilla de Cipriano
que masturba posibilidades
La mosca libertaria
lo sabe todo,
calla y actúa
hasta que llega otra
y otra y suman siete que yo cuente
critican, protestan, trepan
enredan la calma
absorben desconfianzas
manipulan ambientes
comen ideas, alborotan misterios
alteran las conversaciones
carcajean silencios…
Y siguen trescientas y cien más
multiplican manotazos al viento
moscón, moscarda
de mula, de burro, de buey
algún primo mosquito con guitarra
y don moscardón entre cristales
para el resquemo de los posibles sueños
mecidos por el dulce vaivén ferroviario…
Comezón, quemazón, prurito, cosquilleo
¿Cómo algo tan pequeño puede morder con tanto frenesí?
Ellas comen acentos, palabras, de ese libro que llevo entre mis manos
sin poderlo leer…
Está decidido: mi próximo viaje lo haré en Primera
y sin poderme librar de los moscones…
Julie Sopetrán