
Tumba de Martín Vázquez de Arce. Catedral de Sigüenza (Guadalajara España)
Una de las más bellas esculturas del gótico tardío español. Se atribuye al escultor Sebastián Almonacid (1486) Foto: Julie Sopetrán
Apoyada en el codo de la calma
hoy me viene el Doncel a la memoria,
leo en su libro la palabra: historia
y entre sus letras se me pierde el alma.
Expresión de lector meditabundo
contemplativa imagen de la vida;
¿Buscan tus ojos la ilusión perdida
o el deseo de estar lejos del mundo?
Sobre un haz de laureles reclinado
pareces alternar sueño y cordura;
me consuela tu gesto de dulzura
tu afán de percibir lo ilimitado.
¿Con qué piedra se ha hecho tu belleza
quién puso el pensamiento entre tus manos
por qué bajan tus ojos mis lejanos
resplandores de ensueño y sutileza?
Es Martín Vázquez de Arce, caballero
militar castellano, noble hidalgo;
contigo en la lectura yo cabalgo
el dolor, la alegría, el mismo fuero.
Desde mis soledades te comparto
admiro de tu página, el silencio;
en la mueca del tiempo me licencio
tu museo de historia ya es mi cuarto.
La escultura me alienta, en ella vivo
la lectura es mi pan en tomo abierto,
latido de los ritmos en desierto
o el valor ancestral del viejo archivo.
¿Qué canto hay en tus manos, mariposa
o es tacto de alabastro la lectura
cual vuelo que revuela tu armadura
en rumor luz-palabra que se posa?
Viene rozando piedra con sus galas
luego, en la llama de mi palmatoria,
se quema el movimiento de sus alas:
tiempo, palabra, pensamiento, historia…
© Julie Sopetrán
















