
Abre la puerta el agua, cruza pasos
paseos, sendas hechas entre las piedras
de la noche
anega los espacios vacíos de las salas oscuras
las que no tienen fondo, ni ventanas
sólo besos
entra de golpe a la cocina, se adentra en el desván
se enfada en los pasillos
las corrientes son voces, baten ansias
y al unísono… crean lumbre
con sus brazos largos tira los libros al vacío
se los lleva, ya son bailarines silenciosos
danzan sobre sucios remansos
las páginas tiemblan, lloran versos
derraman vida
se van yendo cual barquichuelas rotas
se alejan por las crestas agudas
del monstruo
ostenta mansedumbre y es vertiente y parece dulce
y es salobre
y acaricia y mata con su acídula lengua de cristal
se crece entre los huecos
por donde cada noche pasa la luna para hablarme
de ti…
y rompe las paredes de las telarañas
donde yo escribo: «quiero» «tu voz me rompe mundos»
«no importa el miedo»
cosas así, palabras, que me viven
la sangre
la he dejado que entrara que me invadiera toda en barro
y le quitara la sed
al aire.
©Julie Sopetrán

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