
La voz del viento grita cual si estuviera herido.
Es un lamento en llanto transmitiendo su pena.
Un plañido en el quicio de una lágrima errante
que me deja humedades en los cristales limpios
de la ventana abierta. Dolor o sentimiento
que exterioriza el alma cual si fuera elegía…
Ayes entre latidos, murmullo de recuerdos,
resignación, protesta, gemido ante la muerte.
Trascendental suspiro del fondo que me aflige.
Llevo a mal esta idea de lo nunca jamás
de no saber adónde se reúnen los muertos,
de ignorar las sonrisas ocultas en la tumba,
de enfrentarme a las horas supremas, cuando el viento
me arrebate el resuello de esta voz que me inspira
y quede ausente en brisa de no se sabe cuándo…
Soy un fúnebre soplo que pretende ser póstumo
pequeña lucecilla a ultranza de su trance
o es reclamo del cuerpo moribundo y mortífero
o es porque soy humana que el clamor me deshace.
Decisión del suspiro flotando en los colores
de la flor solitaria que ríe en cualquier parte
y llora, llora a gritos, por donde pasa el viento.
©Julie Sopetrán

















