
Camino hasta la viña donde medito campos
Baco viene a mi encuentro, brindamos por la sangre
nos bebemos la esencia de la cepa más grande
y borracha en los brazos de mi tiempo declamo.
A solas, en la cueva perfumada de caldos
serenamente triste, reconciliando el hambre;
se ilumina en mi pecho la belleza del almo
cual si fuera la suerte creciente de la tarde.
Lo mismo que una niña que cree en la nostalgia
recordé los perfumes de las ninfas de Baco,
bebí del mismo néctar y me quedé dormida.
Percibí de las cosas esa eterna sonrisa
que no termina nunca por más que la rebaso
en la calma serena donde el amor se explica.
©Julie Sopetrán


















