
Me siento muy pequeña
frente al árbol gigante
dejo vagar mis ojos
en las ramas más altas
y me abrazo a su sombra
a ritmo de suspiro
Contemplo en cada rama
sus latidos serenos
que se unen a las aves
para cantar su tiempo
y en su gama de verdes
el juego es amarillo
No sé dónde comienza
su esencia inagotable
si en la raíz oculta
o en su elevado porte
allí donde el sol mece
la mirada más lúdica.
En su cuerpo la vida
me enseña la belleza
cual segmento sublime
de un verso en poesía
Me gusta ver su altura
adentrarme en su trazo
y sentir su latido
cada vez que lo abrazo.
©Julie Sopetrán








