
Me santiguo con el agua bendita de los campos
pienso en Díos
vestida de tinieblas, rezo
Jesús me ha lavado los pies
me rodea la gente
me arrodillo, me levanto, camino el Vía Crucis
el cuerpo no responde, miro a los costaleros
capirotes morados, azules, rojos, negros
voy descalza pisando pesadillas
el camino está húmedo
las matracas aíslan las voces
leo un devocionario con hojas caducadas
sigo en silencio las pisadas de la buena gente
cruzamos las cloacas con el Cristo al hombro
en cada esquina se escucha un miserere
y un sermón,
y una súplica viviente
y he estado toda la noche caminando
me he sentado al borde de los acantilados
el mar grita enfadado
el viento juega con las siete palabras
el huracán vomita espumas en las rocas
el perdón se repite en los ecos
«no saben lo que hacen» y siguen vivos haciendo
lo que quieren
el buen ladrón ya ha entrado al Paraíso
San Juan y María dan cobijo al dolor
¿Por qué Dios abandona a los que ama?
¿Y por qué no encuentro agua para tu sed?
¿Por qué todo se cumple pero nada se sabe?
Y las manos de Dios tan limpias
Y las mías tan sucias
Retorno hacia el templo, me pierdo entre la masa
no tengo vacaciones, me acecha el hambre, estoy en paro
se me quiebra el llanto en la saeta
la fe me va empujando
Jesús me mira al paso
ya todo es bueno.
©Julie Sopetrán

















