
Hoy, recuerdo una de mis vidas pasadas más recientes. Era el año 1908. Mi gato Michino y yo paseábamos por el monte en un Ford T recién comprado que tenía las ruedas muy anchas. Antes de llegar al río que había en el valle, de repente, se cruzó un ratón por el camino y Michino, sorprendentemente, se lanzó como un auténtico zorro persiguiendo a su presa. Me desvió el volante y el salto fue decisivo. Me desperté al otro lado del río. Caronte, desde la otra orilla, me miró sorprendido al comprobar que no había utilizado su barca.
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98 palabras sin el título




















