Sin dejar rastro alguno de voz en el suspiro
sin definir los pasos
que marcan la cañada
pisando la amargura del destierro
en las hojas
me adentro en el paisaje
austero de la calma
Y en el más puro olvido
cadencia del encanto
percibo esa armonía que en silencio se siente
cuando se eleva el alma
Es la nana más dulce que se apega a los brazos
es la bruma que borra los más tristes abismos
movimiento del sueño
en la voz del instante
que se convierte en flor
o la sonrisa dulce que borra las espinas
en el haz de las zarzas
Voy quemando los miedos
por terrenos baldíos
y es nana lo que siento
en el canto del pájaro
o en la luz que me abraza
cuando caigo en la zanja del oscuro trayecto
allí donde la nada
me desviste las formas
y un arrullo de infancia
me devuelve a tu ausencia…
©Julie Sopetrán






















