
Anduve por el sueño volando lo infinito
anoté en el silencio lo que aprendí en la vida
recordando al amigo me sentí conmovida
al ver que en mi cuaderno su nombre estaba escrito.
Anduve por las sombras de versos que repito
en estatua de dioses sentí mi alma esculpida;
era como una fuente de viento, enriquecida
por un agua invisible que procede del mito.
Es un canto divino: golondrina en la mano
que vuelve en primavera en busca de su nido
o un zumbido de abeja sobre piel de gusano.
Es como esa experiencia salida del olvido
que recuerda en estrofas su pasado lejano
sintiendo al escribirlas que el paso está medido.
©Julie Sopetrán

















