y no conocíamos la tristeza
jugábamos por la orilla del yermo
junto a la semilla arraigada
que crecía al son de nuestros pasos
y todos fueron cayendo a la zanja profunda
donde las raíces se mueren
y los besos se vuelven anaclanes
sólo regresa el cardo
con su flor malva
indiferente…
Julie Sopetrán


















