
Ilustración de Scott Uminga
Es lo que no he aprendido
lo que me hace dudar.
Desde la inocencia amo el destino:
lo que soy, lo que sé, lo que siento
que es toda la verdad
que guarda la creencia en cada nombre
que define la suerte de estar vivo…
y es, lo que no conozco, lo que me hace dudar
Veo la palabra recién salida de la boca
su vuelo se desvía a quien la interpreta
y no, no escucho bien quien le añade otra jerga
a mi lenguaje
Hablo desde la música que llega a los oídos
y es el bálsamo de los sentimientos
Huelo las rosas, pronuncio la belleza
y sé que la voz se pierde en quien no escucha
y algo, tal vez una migaja de malicia
se adentra en los oídos
y es entonces que tengo que aprender
lo que no he dicho.
Por eso amo el silencio
allí encuentro abundancia de voces, de placeres
pureza de perfumes que se van sin decir adiós
dejando un rastro puro en su partida.
Cualquiera,
alguien o nadie, uno u otro o aquel que tanto sabe
te empujan hacia un lado
y son varias las causas que te alejan del ruido
y aprendo cuando escucho
y prefiero el olvido
o el susurro del aire con su voz imprecisa
que va dejando huellas
en lo poco que sé
o en lo mucho que aprendo
cuando dudo.
©Julie Sopetrán








Fuente Redonda (Sopetrán) 






