
El mar suena en mi oído
las piedras de los acantilados
gritan espuma
sus ásperas voces
estremecen mi alma
en la noche
que destiñe las aguas plateadas
los sueños se hunden en las profundidades
son momentos de un anclaje elegido
las sombras lloran
en el eco de un fluido marino
que se expande…
un suspiro da entrada a los azules
transito en las palabras
y allí estás tú, profanando el abismo
entre las sensaciones
del gozo subterráneo
oscilo entre cascadas
los vientos me recrean
las estrellas me envuelven
un embate de mar zarandea mi cuerpo
me lleva hasta la orilla
son neptúneas caricias
de silenciosas olas
que pronuncian tu nombre
lo que era salobre se vuelve dulce y grato
y surgen los arroyos
miniaturas errantes entre rocas labradas
subo, bajo, me acuna lo invisible
retrocedo y regreso
me encuentro en un remanso
siento la libertad que me regala el viento
es el numen acuoso, deidad de las ideas
susurro del poema
bullir de sensaciones
sobre el negro y las luces
creadoras de voces
allí nos entregamos
a esta emoción sublime del amor
que es poesía.
©Julie Sopetrán


















